DEPRESIÓN Y PSICOFÁRMACOS

Un estudio realizado el 2004, determinó que el uso de antidepresivos aumentó más de 470% en solo 12 años. Otro del CONACE del 2010, señala que de un total de 575 pacientes ingresados a urgencia de un hospital público de Santiago, un 20,9 % arrojó consumo de benzodiazepinas. Uno del SENDA de 2014, indica que un 56% de los estudiantes han consumido tranquilizantes antes de los 15 años. Los resultados del 12º estudio de drogas de la misma institución, se constata el aumento sostenido en la venta sin receta médica, de alprazolam, valium, diazepam, ravotril, entre otros.

La Fentarmina usada como inhibidor del apetito de la familia de las anfetaminas, durante los últimos cinco años, según datos del ISP, aumentó de 3.565 cajas vendidas en 2012, a 970.574 en 2017.

Un estudio transversal realizado en la atención primaria de salud, constató que un tercio de los encuestados usaba algún psicofármaco. Y dio luces sobre diagnósticos y tratamientos. A todos los pacientes con evaluación de "insomnio" se les recetó el uso de alguna benzodiazepinas. Cuando el cuadro fue sindicado como "trastorno ansioso", el uso de estas se prescribió en el 84% de los casos. Finalmente cuando el diagnóstico fue de "trastorno depresivo", alcanzó al 93% de los afectados.

En cuanto a su medicación, en un 74% fue realizada por un médico general. Solo en un 13% por un psiquiatra y un 6% por un facultativo de otra especialidad.

El metilfenidato es uno de los principales componentes para el Tratamiento de Déficit Atencional con Hiperactividad, estimulante derivado de la anfetamina. En 2010, Cenabast, proveedor de aproximadamente del 40% de hospitales y consultorios públicos, compró un total de 339.650 cajas de metilfenidato. Y el 2013, con un crecimiento ascendiente, llegaron a más de 8 millones de cajas.

Existe en nuestro país una sostenida y significativa alza en el consumo de este tipo de medicamentos, pero donde las llamadas patologías mentales siguen en franco aumento, de acuerdo a las mismas estadísticas.

Dos dimensiones que se estimulan recíprocamente son: el sobre diagnóstico de patologías, trastornos psíquicos, síndromes de todo tipo; y el puje de la industria farmacéutica. En el 2008 las ventas de la industria farmacéuticas en Chile superaban los US$1.000 millones, de las cuales un 76% corresponden a medicamentos del mercado ético o de receta retenidas, dentro de las cuales están los psicotrópicos.

Estudios y juicios diversos de expertos a nivel internacional han advertido sobre una "inflación diagnóstica", que convierte dificultades comunes y propias de la vida en nuevas patologías: fobias, trastornos, síntomas.

Los psicofármacos actúan bajo un supuesto: que restablecen algún tipo de desequilibrio, químico o cerebral. Sin embargo esto es un punto discutible y controversial. Una de las principales objeciones es que estos lo que efectivamente provocan, es crear un estado alternativo al que el sujeto en ese momento tiene. Pero que no restablece la normalidad perdida, sino que sofoca el estado de aflicción en uno nuevo. Muchos pacientes refieren esto como "sentirse mejor de ánimo", pero acompañado de "como que no soy yo mismo" aludiendo a una experiencia de despersonalización.

Tomar un par de copas provoca en algunas personas tímidas la desinhibición; sentirse más seguros y audaces en sus relaciones sociales. Pero de ahí no se deduce que la fobia social ha sido superada y por lo tanto el prescribir alcohol para enfrentar esas situaciones. Lo que si provoca es un estado alternativo, distinto al de la inhibición, pero que convive con ella.

Es cierto que en el caso de los psicofármacos, ese estado alterado o alternativo, es preferible algunas veces que el padecimiento. Pero en otras ocasiones pueden llegar a ser iguales o peores al original. La tautología es la siguiente: se prescribe un medicamento que crea este nuevo estado de conciencia. Cuando se deja de tomarlo-abstinencia- el sujeto empeora. Luego se asume como recaída. Esto confirmaría la eficacia del fármaco, que crea finalmente condiciones de una cronificación del padecer y por ende un aumento de los indicadores de patologías.

De lo que no existe evidencia por ejemplo, es que la depresión sea causada por niveles inadecuados de seratonina. Lo que si consta es que si una persona toma algún antidepresivo, esto puede crear un nuevo estado paralelo de supremacía anímica que obtura el original. Este nuevo estado no es depresivo pero tampoco es de restablecimiento de la normalidad subjetiva.

Que a los antidepresivos o antipsicóticos, se les denomine por ese nombre, se debe más a la creatividad comercial, ya que no revierten un estado actual ni tampoco restablecen un desequilibrio de algún tipo. Más apropiado es llamarlos neurolépticos, por su capacidad de sedación. O drogas psicoactivas por su eficacia para producir nuevos estados subjetivos.

Los psicofármacos pueden ser imprescindibles en ciertos casos y situaciones. Pero muchas veces son una falsa ayuda para fortalecer las capacidades propias. Y una manera de inhibir la reflexión y acción respecto de los causas personales y relacionales que intervienen.